sábado, 20 de febrero de 2010

Borrador 1

La mitad de su cuerpo se encontraba húmedo y frío, la ropa se enredaba entre sus piernas, adhiriéndose a ellas como una vestidura de hierro. Sin embarrgo, su rostro sentía un calor intenso, un ardor que comenzaba a molestar y bajo su cara podía sentir la arena que picaba. Antes de abrir los ojos, se concentró en las sensaciones de su cuerpo, se sentía mojada y a la vez ardida pero, sin duda, su cuerpo dolía. Había un olor extraño, ya lo había sentido antes, arriba de aquel barco, era ese particular olor del mar, un olor que antes de subir no había sentido nunca pero que ahora no sólo se había convertido en olor sino también en un sabor que quemaba. Y el ruido, un sonido a trueno continuo, único, no se escuchaba otra cosa. Abrió los ojos, parpadeó varias veces, la luz lastimó sus pupilas, una luz brillante que se reflajaba en la arena intensa y en al mar como pequeños espejos. Movió su cuerpo lentamente, aún sin poder recordar qué había sucedido, con las ropas mojadas haciendole peso, hasta que pudo sentarse en ese suelo ardiente. Frente a ella se encontraba una lámina azul que se perdía en el horizonte, siendo solo una línea increiblemente recta lo que separaba el cielo del agua, detrás un follaje espeso, que mostraba todas las gamas de los verdes, se elevaba como una pared impenetrable.

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